Hacer lo que amamos

Puerto. Barcelona, España

 ¿Quiénes somos? ¿Para qué venimos? ¿Cuál es nuestro propósito? ¿Qué nos llena?

Estas son algunas de las preguntas que solemos hacernos durante el transcurso de nuestra vida. A veces nos sentimos perdidos, sin saber a dónde ir o qué camino tomar y es normal que suceda, pues no todos tenemos un camino claro a seguir desde pequeños o simplemente nos hemos desviado de él.

Cuando somos niños o estamos en la adolescencia, tenemos millones de sueños, metas, propósitos, y estos van cambiando de forma a medida que pasa el tiempo y sin darnos cuenta, un día dejamos de soñar, y se nos olvida el camino. Nos concentramos en el día a día, y nos dejamos llevar por las obligaciones, el trabajo y lo que dicta la sociedad. Queremos cumplir los sueños de los demás, de nuestros padres o nuestros familiares, y dedicamos nuestro tiempo a hacer realidad lo que ellos quieren para nuestras vidas, a veces, sin cuestionarnos siquiera si es eso lo que nosotros queremos vivir. 

Nos ponemos una máscara que cumple con todos los requisitos que creemos que el mundo espera de nosotros y por dentro estamos tristes y frustrados. Vivimos una vida a medias, deseando poder salir de ese círculo vicioso pero por diversas razones, comodidad, miedo, no lo hacemos. Cuando nos damos cuenta de esto, quizás ya han pasado muchos años, pero nunca es tarde para tomar nuevamente el control de nuestra vida, nunca es tarde para soñar, para volver a consolidar nuestro propósito, forjar nuestros ideales y empezar a empujar con fuerza hacia ese camino que nos lleva a lo que soñamos y a lo que nos hace realmente felices.

Por seguir fielmente las reglas impuestas por la sociedad en la que vivimos, nos olvidamos de nuestra felicidad y de disfrutar la vida. Ser un buen hijo, un buen hermano, un buen empleado; bondadoso, generoso, amable, disponible, incondicional, amoroso, entre otros mandatos sociales, suele llevarnos a perder a libertad de ser nosotros mismos. Se puede ser buen hijo, buen padre, buen hermano, sin olvidarse de ser auténtico y saborear cada momento. 

Siempre que haya respeto y no estemos haciendo daño al otro, ni a nosotros mismos, es nuestra obligación como individuos hacer lo que verdaderamente nos nace del corazón.

La comunicación juega un papel muy importante a la hora de encaminarnos hacia nuestro propósito. A menudo nos cuesta comunicar nuestras propias necesidades, ocultamos al mundo pensamientos, gustos y aptitudes, convirtiendonos en marionetas, dejando que otros tomen decisiones que nos corresponden y nos resignamos a vivir una vida que no nos satisface. Esto pasa simplemente por el miedo expresarnos. Algo tan básico como decir firmemente lo que nos gusta y lo que no, y actuar en consecuencia, puede ayudarnos a llevar una vida más placentera y feliz.

Cada persona sabe qué lo hace feliz, así no seamos del todo conscientes de ello y sino, es deber de cada uno encontrar ese qué, moldearlo y adaptar nuestra vida en torno a eso que amamos hacer, sin sentirnos culpables por ello.

El Sudeste Asiático: Tailandia

Maya Bay, Ko Phi Phi, Tailandia

El Sudeste Asiático es una región de Asia que comprende 11 países todos de una gran variedad de culturas y contrastes entre los océanos Índico y el Pacífico. Esta área de Asia es una de las favoritas del turismo internacional por sus playas exuberantes, comida exquisita y una buena conexión aérea, marítima y terrestre. 

 Tuve la oportunidad de visitar Tailandia, Malasia y SIngapur en 2015 y si bien fue un viaje express, pude hacerme una idea de cada uno de estos países, explorar un poco su cultura y creencias religiosas, probar su deliciosa comida y disfrutar sus preciosas playas cristalinas.

Tailandia es posiblemente el país más turístico del Sudeste Asiático, ideal para una primera incursión en esta zona del mundo, ya que es experto en la atención, la gastronomía, la vida nocturna, y los tours a través de su rico territorio de planicies, montañas e islas. Si vas a Tailandia no dejes de visitar su capital, Bangkok, con sus mercados, templos, restaurantes y clubs; así como las hermosas playas e islas, Kravi, Phuket, Ko Phi Phi, por nombrar algunas de las más concurridas.

Tailandia ha sido el país que más me ha impactado en este viaje, tanto por su cultura, gastronomía, paisajes, religión y las transitadas calles de la capital. 

Estas son algunas de nuestras experiencias en Tailandia:

En las calles de Bangkok hemos comido insectos fritos, es fácil encontrarlos ya que hay múltiples puestos ubicados en la calle principal, Khao San Road, donde se amontonan turistas curiosos para probar estos desagradables bichos (gusanos, larvas, cucarachas, escorpiones, grillos, entre otros) y los que no se atreven a comerlos, al menos sacarán una exótica foto para su album de recuerdos de viajes.

Hemos paseado por uno de los barrios rojos de Bankok, Patpong, donde venden toda clase de objetos sexuales en un mercado callejero gigante, además de ofrecerte todo tipo de experiencias y espectáulos relacionados con el sexo. Aquí abundan bares, discotecas y locales de entretenimiento para adultos,  que llaman la atención de turistas y locales con sus letreros neón.  Y aunque la prostitución no es legal en Tailandia, el turismo sexual se percibe en cada esquina de este pintoresco barrio. Patpong, aunque controversial, es un barrio al que vale la pena echar un vistazo si te pasas por la capital de Tailandia.

Hemos visitado la provincia de Phuket y las islas de Ko Phi Phi, Ko Phi Phi Don y  Maya Bay, parajes hermosos, con paisajes de ensueño, playas con aguas cristalinas y arena blanca y vegetación abundante. Lugares donde se respira tranquilidad y te desconectas de absolutamente todo! Dependiendo de la época del año algunos pueblos o ciudades principales suelen estar atestados de turistas, por lo que abundan los comercios y una vida nocturna bastante agitada, con bares y fiestas en las playas, donde los espectáculos con fuego, al ritmo de música electrónica y tribal, son la mayor atracción de la noche.

También descubrimos el lado espiritual de Tailandia y visitamos algunos de sus templos, como el Wat Phra Kaew ( El templo del buda de esmeralda). Sin duda uno de los templos más espectaculares que he visitado en mi vida, que no solo me impactó por su ornamentada arquitectura del siglo XVIII, con estatuas, pagodas, y edificios de rica decoración, sino por su grandeza y la paz que se vive dentro del mismo. Aquí tuvimos que vestirnos apropiadamente con faldas largas (hombres y mujeres), que nos facilitaron en la entrada al templo, además de ir descalzos.

Mi plato favorito en Tailandia: El Pad Thai. Un excelente wok salteado en base de tallarines de arroz, con salsa de pescado, huevos, pasta de tamarindo y algunos vegetales. Los hay de camarones, pollo o vegetarianos, y lo mejor es cuando te lo sirven dentro de una piña (ananá)!! Si!, para chuparse los dedos!

 

Sin duda volvería a visitar el Sudeste Asiático, en especial Thailandia. Y en mi mente tengo pendientes otros países de esta zona que me gustaría visitar con más calma, ya les iré contando.

 

El Calafate

Laguna Capri. EL Chaltén, Santa Cruz, Argentina

La hermosa ciudad de El Calafate es la puerta de entrada al parque nacional Los Glaciares, desde donde se inicia el recorrido para conocer el famoso Glaciar Perito Moreno. Sin duda, es un destino que por su belleza natural, cultura y gastronomía, merece una visita obligada.

Llegué a la ciudad directamente en un vuelo desde Buenos Aires, ya que esta ciudad cuenta con aeropuerto internacional. El vuelo dura aproximadamente 3 horas. Y desde allí hay unos 20 kilómetros hasta el centro de la ciudad que además dispone de una excelente infraestructura para el turismo, hoteles, restaurantes, oferta de diversas actividades deportivas de aventura y variedad de comercios, sobre todo de productos autóctonos de la región.

El Calafate, es una pequeña ciudad de la provincia de Santa Cruz, Argentina y toma su nombre del pequeño arbusto llamado calafate, típico del sur patagónico, del cual se extrae un fruto ideal para preparar dulces, delicioso!

Y si de gastronomía se trata, uno de los principales platos para deleitar en El Calafate, es el cordero patagónico. En esta región podrás degustar de este plato en casi todos sus restaurantes.

Su clima es predominantemente seco, con una temperatura media máxima en verano de 19º C y media mínima en invierno de -2º C. Recomiendo llevar siempre una buena chaqueta, ya que al estar cerca de los glaciares la sensación térmica puede alcanzar bajas temperaturas, sobre todo en las noches. 

El parque nacional Los Glaciares tiene una superficie cercana a las 600.000 hectáreas y de este gran campo de hielo se desprenden 47 glaciares, Marconi, Viedma, Moyano, Upsala, Agassiz, Bolado, Onelli, Peineta, Spegazzini, Mayo, Ameghino, Moreno y Frías, son algunos de los más importantes. 

El rompimiento del glaciar Perito Moreno y la posibilidad de navegar hacia él y contemplarlo de cerca, o caminar sobre él gracias a los trekkings que se organizan con este fin, han convocado en los últimos años a visitantes de todas partes del mundo.  Desde los diferentes hospedajes se organizan excursiones en barco para divisarlo y también se puede caminar sobre él utilizando unos zapatos especiales llamados grampones, una esperiencia fantástica! al finalizar el recorrido estás invitado a tomar una bebida de tu preferencia ( la mayoría optamos por un whiskey), con un trozo de hielo del mismo glaciar!

 Uno de los lugares que tuve la oportunidad de visitar desde El Calafate,  fue el encantador pueblo de El Chaltén, que dispone de diferentes senderos para caminatas en la montaña para todos los gustos y niveles. Uno de los caminos más bellos es el que lleva hacia la laguna Capri, desde donde, después de caminar varios kilómetros a través de un espeso bosque de pinos, se puede contemplar no solamente la inmensidad y tranquilidad de la laguna, sino también el imponente pico del cerro Fitz Roy. Recomendadísimo!